Por Homero Rios
En los últimos años, la poesía encontró un nuevo espacio en el video corto. Pasó del papel a la pantalla y adoptó las reglas de las plataformas: ritmo, brevedad y atención fragmentada. El resultado es un formato que entiende cómo se consume hoy el contenido y se adapta sin perder intención.
Este fenómeno recibe distintos nombres según el enfoque. Spoken word cuando hay performance a cámara o voz en off. Poetry Reels como etiqueta funcional dentro de Instagram. Instapoetry para la poesía pensada desde su origen para redes sociales. PoetryTok para describir la escena que creció en TikTok. Y videopoetry desde una mirada más formal, que reconoce la poesía en video como género audiovisual.
Más allá del término, todos describen una misma práctica: micro-literatura diseñada para verse, escucharse y compartirse.
La poesía en video conecta porque trabaja con economía de lenguaje. Una frase bien colocada puede generar identificación inmediata en medio de un feed saturado. El formato favorece la pausa, el ritmo y la resonancia emocional. No exige contexto previo ni lecturas largas para funcionar.
Para que este tipo de contenido sostenga su impacto, lo técnico importa. El formato vertical, la tipografía grande, el cuidado de las zonas seguras y el ritmo de lectura son parte del mensaje. En poesía, perder una línea altera el sentido completo. Por eso el texto en pantalla y los subtítulos no acompañan: forman parte de la experiencia.
Creativamente, hay principios claros que se repiten: una idea por pieza, pocas líneas por pantalla, un inicio que capture atención en los primeros segundos y un cierre que deje algo flotando. Cuando estos elementos se alinean, el poema se siente pensado para el formato.
La expansión del spoken word, los poetry reels y la videopoesía responde a una necesidad cultural concreta. En un entorno optimizado para producir volumen, este formato ofrece presencia. Permite decir mucho con poco y crear una relación distinta con la audiencia.
Eso explica por qué la poesía en video sigue creciendo. No depende de una tendencia puntual, sino de su capacidad para adaptarse al lenguaje del presente sin perder profundidad.