¿Y tú, siempre vives a la carrera? Casa Omega 22 enero, 2026

¿Y tú, siempre vives a la carrera?

Por Homero Rios

Vivimos en un entorno que empuja a ir rápido. Publicar rápido. Probar rápido. Reaccionar rápido. En marketing y creación de contenido, esa velocidad muchas veces se confunde con avance.

Hacemos cosas porque “hay que hacerlas”. Abrimos proyectos porque suenan bien. Subimos contenido porque la estrategia dice que toca hoy. Nos entusiasma la promesa de alcance, de views, de seguidores. Y casi sin darnos cuenta, empezamos a movernos más por inercia que por intención.

La pregunta entonces no es cuántas piezas estamos produciendo, sino desde dónde lo estamos haciendo.

Crear solo por crear puede generar movimiento, pero rara vez genera sentido. Cuando el entusiasmo está puesto únicamente en el resultado —el número, la métrica, la fórmula que funciona— el contenido se vuelve intercambiable. Podría haberlo hecho cualquiera. Podría decir cualquier cosa. Podría vivir en cualquier cuenta.

Eso no significa que las estrategias no importen. Importan. Pero funcionan distinto cuando llegan después, no antes. Primero viene algo más incómodo y menos inmediato: tener qué decir.

Encontrar una voz no es un momento revelador ni un acto espontáneo. Es un proceso. Se descubre a prueba y error, escribiendo cosas que no funcionan, diciendo ideas que todavía no están claras, explorando formatos que no terminan de encajar. Pero la diferencia está en la mentalidad: probar para decir algo, no solo para rendir algo.

El formato tampoco es un punto de partida; es una consecuencia. Video, texto, audio, reels, blogs, newsletters… todo eso son salidas. El verdadero trabajo ocurre antes, cuando entendemos qué queremos expresar y desde qué lugar. Cuando eso está claro, el formato aparece casi solo.

Cuando alguien tiene algo qué decir, el discurso se vuelve más interesante. No necesariamente más viral, pero sí más reconocible. Empieza a construir una relación distinta con la audiencia. Ya no se trata de perseguir atención, sino de sostenerla.

Ir más lento no es quedarse atrás. Es elegir mejor.
Detenerse a pensar no es improductivo; es parte del proceso creativo.

Tal vez la pregunta que vale la pena repetir no es si estamos haciendo lo suficiente, sino si estamos diciendo algo que realmente valga la pena decir.

Y tú, ¿siempre vives a la carrera?

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